sábado, febrero 10, 2007

Hermano.

Son archivos sacados del Word. Especialmente horneados para vos, que insistís.

Es eso, calentar el motor. Que la helada fue dura.

Y ya sabés, cambiar el olor de las tostadas y el té cargado, por el de la combustión del Falcon y el frío, sólo retrospectivamente es negocio.

abrazo.

Lunes.

Durante el día no fumo mucho. Un cigarrillo, a los sumo dos.

Terminamos de almorzar y todos buscan siesta. Salgo y me pongo a regar. Apunto hacía los manchones de pasto más seco y hago como si dibujara. Cuando me aburro levanto la manguera y hago como si hiciera lluvia. Se hacen mini arcoírises (?). Me mojo la cabeza y tomo agua.

En determinado momento me pongo a la sombra. Leo un poco. Dejo el libro y me arrastro al sol. Junto calor y me meto en el agua. Siento que el río está más frío que hace unos días y trato con un crol pero me entra mucha agua en los oídos cuando giro la cabeza para respirar. Y salgo, saltando y con la cabeza un poco tirada hacia atrás, como mirando al sol. Casi eufórico.

Después de todo, el día pasa con cierta vaguedad. Pasa tranquilo. De a ratos una especie de incertidumbre, una especie de principio de miedo. Pero pasa. Sí, es más firme la tranquilidad.

Y ahora, otra vez el río. Nos sentamos en la playa y miramos callados. La tarde vira del azul al celeste y del celeste al rosado, casi rojo.

Hoy, lago.

Llegamos tarde. Fuimos con esa intención. Tipo seis. Siete a lo sumo. Una cuantas cervezas frías, y bajamos a la playa con la cabeza repleta de polvo. Llenamos nuestros vasos y alguien dijo cerveza fría y anarquía. Brindamos sin chocar y dando sorbos cortos vimos como se ponía el sol. Después, jugamos a hacer puntería. El blanco fueron las raíces de un árbol seco. En eso, al menos media hora. Y pegamos la vuelta. Silenciosa, con las manos secas de piedras y mala puntería. Abajo, las luces del pueblo como estrellas. Ya habían pasado las nubes rosadas. Ya era de noche.

Llegamos a casa cantando, las ventanas del auto se empañaron. Llegamos y todos a la cama.

Mañana parece que el día se pone. Pocas nubes. Ni una gota de viento.

Sábado.

La luna sale tarde. Me sorprende verla. Me sorprende encontrarla a esta hora, recién saliendo. Está partida. Justo a la mitad, pero en diagonal.

Leo sobre el olor de los jazmines. Pienso en el olor de los jazmines.

martes, diciembre 05, 2006

debe continuar.

Es en ese momento, cuando el día empieza a terminar, que Andrés, Marcos, Santiago y Matías se ubican cada uno en un lugar específico del living, y de a uno, prenden sus cigarrillos.

(...)

viernes, octubre 27, 2006

Epígrafe.

"Un lugar así, un lugar que existe sólo porque los dioses también tienen sentido del humor, debe de ser un mundo en el que la magia puede sobrevivir. Y también el sexo, por supuesto."

Terry Pratchett .

martes, septiembre 26, 2006

Toma dos.

No es tarde pero el calor y el aire húmedo, y demases que no sólo tienen que ver con lo climático, nos tienen con los ojos inyectados en rojo y gordos. Así todo Marcos y Andrés apoyan lo que les queda en los apuntes. El humo del cigarrillo sale despacio y se pierde por la ventana que tengo abierta a mi espalda, por donde entran mosquitos y una idea de frescor y olor a eucaliptos.

Marcos comenta que es evidente que Dios no existe, o que al menos no se merece la mayúscula porque en este momento, o haría que de algún modo entre el olor de esos eucaliptos lejanos o dejaría que por la ventana entre despacio y con olor a iglesia un suave AveMaría.
Andrés: pero que Él no se encarge de la banda sonora de la vida -o de al menos de la noche- es una prueba evidente de que no éxiste, y a la vez, de que sí. Tenemos un Dylan, amigo.

De todos modos no suena nada. Ni por los parlantes ni por la ventanas. Sí cada tanto alguno pasa de página o se levanta por un poco más de café, o un encendedor y las chispas de la primera pitada. O un mosquito, o la pared que vibra despacio cuando pasa un colectivo. O Santiago, que duerme una pared allá, y cada tanto, se agita en el sueño. Y una moto hace un rato. Pero no ulula ninguna sirena, ni ladra un perro, ni se agitan las sombras de una fila de árboles viejos.

El silencio a esta hora es esa música de ruidos mínimos y de ruidos posibles.
Marcos: "Ruidos y ruiditos" fue el primer compact que tuve. Tenía la tapa violeta. Me lo regalaron a la salida del colegio, un día de sol.

jueves, septiembre 21, 2006

take one.

Andrés repasa sus apuntes de psicología mientras Marcos construye, enciende, chupa, un porro tímido de flores paraguayas. Suena el tiembre y nadie contesta. Andrés lee, Marcos traga y sopla el humo de sus chalas.
Andrés: podríamos empezar a jugar al ring-raje.
El timbre deja de sonar. Marcos sopla, Andrés repasa su iniciativa lúdica. Entra un viento suave por la ventana, asoma la luna, el agua para los fideos empieza a hervir.